Un viaje a Comporta: 3 días entre arrozales, playas y calma atlántica
Qué hacer en Comporta, qué ver y dónde comer cuando buscas descanso, buena gastronomía y momentos que se sienten eternos.
Comporta no es un destino que se recorra con prisas. Es un lugar donde el tiempo se estira entre arrozales infinitos, playas atlánticas casi vacías y pueblos blancos donde la vida sucede sin ruido. Situada en la costa del Alentejo de Portugal, a poco más de una hora de Lisboa (Sintra/Cascais), este refugio se ha convertido en inspiración para artistas, viajeros y quienes buscan reconectar con lo esencial.
Este viaje es también una ofrenda. Ana González lleva años volviendo a Comporta, encontrando aquí su lugar de regeneración y calma. Su mirada nos regala un itinerario de 3 días en Comporta donde el lujo no está en lo ostentoso, sino en lo sencillo: un paseo al amanecer, un arroz de marisco compartido, un atardecer sobre dunas doradas.
Un viaje a Comporta para descubrir qué hacer, qué ver y dónde comer cuando buscas pausa y autenticidad.


PUERTO PALAFÍTICO DE CARRASQUEIRA

Día 1 – entre arrozales y playas atlánticas
El día empieza entre arrozales. Una de las mejores formas de despertar en Comporta es con un brunch en Quinta do Comporta, un hotel sostenible rodeado de campos de arroz que parecen no tener fin. Sus propuestas saludables y el entorno cuidado hacen que todo tenga un ritmo más lento. Desde allí, merece la pena salir a caminar o alquilar una bici para recorrer los senderos que atraviesan los arrozales, especialmente bellos cuando el sol comienza a teñir el horizonte de tonos dorados.
Después, la mañana puede continuar en el pueblo de Comporta, donde la vida local late con calma. La primera parada es Gomes, un mercado donde se encuentran frutas y verduras frescas, panes artesanales y los tradicionales bolos de arroz. A pocos pasos, se descubre Almo, un espacio luminoso que funciona como café, restaurante y brunch, con propuestas frescas y creativas que atraen tanto a locales como a viajeros. Entre paseo y paseo, también merece la pena entrar en Life Juice, una tienda de decoración que reúne cerámicas, textiles y cerámicas artesanales propios de la tradición portuguesa, que invitan a detenerse entre objetos hechos a mano, perfecta para llevarse un pedazo de Comporta a casa.
En verano, la Casa da Cultura aporta movimiento con exposiciones de arte contemporáneo y un pequeño mercado creativo, mientras que un helado en Gulato Comporta se convierte en la mejor excusa para refrescarse antes de continuar hacia la playa.
La tarde se reserva para la Playa de Carvalhal, una de las más espectaculares de la zona. Sus dunas suaves y la vegetación baja acompañan la llegada al mar abierto, donde el Sublime Beach Club ofrece un chiringuito con encanto para comer frente al océano o alargar la sobremesa con un cóctel. Muy cerca, Oxala Specialty Coffee es la parada perfecta para quienes disfrutan de un buen espresso o un flat white. Con una estética cuidada y ambiente relajado, invita a sentarse un momento, rodeado de la brisa atlántica, antes de seguir descubriendo la costa.
Si se busca una propuesta más reposada, Restaurante La Sal, también en Carvalhal, sirve pescados del día y arroces frescos en un ambiente relajado, con una terraza que invita a quedarse hasta que baje el sol.
La jornada termina en Cavalarica, un restaurante escondido en una antigua cuadra restaurada. Allí, la cocina de autor se entrelaza con ingredientes locales en un espacio íntimo y auténtico. Una cena perfecta para cerrar un primer día que ya anuncia el verdadero ritmo de Comporta: lento, sencillo y lleno de momentos que se sienten eternos.



Día 2 – Carrasqueira, Setúbal y atardeceres de ensueño
Un viaje a Comporta no está completo sin madrugar para ver el puerto palafítico de Carrasqueira, uno de los rincones más singulares del Alentejo. Sus pasarelas de madera se adentran en el estuario como si flotaran sobre el agua, y al amanecer la luz dorada se mezcla con las redes de pesca y el silencio del lugar, creando una escena que parece detenida en el tiempo. Muy cerca, pequeños bares de pescadores ofrecen una de esas experiencias que definen qué hacer en Comporta: en Retiro do Pescador se sirve un arroz de marisco casero, generoso y lleno de sabor, tan local como auténtico.
La jornada continúa hacia Setúbal, a media hora en coche o en barco desde Comporta. Esta ciudad portuaria es un ejemplo perfecto de lo que significa viajar con calma: su mercado municipal es uno de los más bellos de Portugal, con puestos de pescado fresco, quesos y flores. Pasear por sus calles peatonales permite descubrir tiendas familiares y cafeterías con encanto. En la Casa da Baía se suelen organizar exposiciones y catas, mientras que el Café da Casa acoge obras de artistas como Rui Macedo, convirtiendo la pausa en un momento cultural.
Por la tarde, otra de las experiencias imprescindibles en Comporta es el avistamiento de delfines en libertad. Desde la península de Tróia, la empresa Vertigem Azul organiza salidas en catamarán para navegar junto a estos animales en su hábitat natural, siempre con un enfoque respetuoso y sostenible. Es un plan ideal para familias, parejas o cualquier viajero que quiera recordar por qué el mar Atlántico de Comporta tiene algo único.




Día 3 – Melides y la calma atlántica
El día puede empezar con un gesto consciente: una clase de yoga en Shala Comporta, abierta a todos los niveles y pensada para conectar con la naturaleza. Una práctica suave que encaja con la filosofía de viajar despacio y vivir el presente, valores que definen la esencia de este rincón atlántico.
El último día del viaje a Comporta invita a explorar el encanto discreto de Melides, un pequeño pueblo al sur que aún conserva su autenticidad. Sus calles encaladas y tranquilas están hechas para pasear sin rumbo, detenerse en sus tiendas y, si surge la ocasión, asomarse al hotel creado por Christian Louboutin, que ya se ha convertido en un icono de diseño en la región.
Muy cerca, aparece la Praia da Galé – Fontaínhas, una playa distinta a las demás: rodeada de un acantilado fósil con formaciones de más de cinco millones de años, su paisaje sorprende por la fuerza de la geología y la belleza de sus contrastes. A diferencia de las playas más al norte, aquí la costa se vuelve escarpada y dramática, ofreciendo un escenario perfecto para caminar y dejarse impresionar por la naturaleza.
La ruta continúa hacia la Lagoa de Melides, un refugio natural de agua dulce rodeado de pinares. Es un lugar perfecto para pasear, bañarse con calma o contemplar el atardecer reflejado en sus aguas. Frente al mar, el chiringuito Lagoa ó Mar ofrece una propuesta sencilla pero deliciosa: pescados frescos y platos locales servidos con vistas a la playa, una de esas experiencias que definen comer en Comporta.
Antes de cenar, el día puede terminar en la Playa de Alberta Nova, más tranquila que otras y con acceso sencillo. Su arena clara y el ambiente menos concurrido la convierten en el lugar perfecto para ver caer el sol, con la sensación de haber descubierto un secreto guardado entre dunas.


Más allá de un itinerario, lo que se descubre en Comporta es una forma distinta de viajar. Apoyar a los productores locales, visitar los mercados de agricultores, elegir proyectos sostenibles o simplemente caminar entre arrozales son gestos que dan sentido a la experiencia. Porque qué ver en Comporta no son solo playas o restaurantes, sino también la manera en que uno se relaciona con el lugar.
El mejor consejo es visitarla en temporada baja, cuando la luz se vuelve más suave y las playas respiran calma: mayo, junio o septiembre son meses en los que Comporta brilla con naturalidad. Aquí, el verdadero lujo está en lo sencillo: detenerse, escuchar y dejar que el tiempo pase sin prisa.


“Un destino que invita a viajar con calma”
Fotografías de Ana Gónzalez
Viaja a Portugal
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