Unos días en el Empordà: pueblos de interior, tradición local y Costa Brava
Qué ver en el Empordà en un fin de semana: pueblos con encanto, tradición, gastronomía local y paisajes de la Costa Brava.
El Empordà tiene algo difícil de explicar. No es solo el mar ni únicamente los pueblos de piedra que aparecen entre campos. Tampoco son únicamente los caminos entre bosques o la cercanía constante de la Costa Brava. Es una mezcla de paisaje, tradición y vida cotidiana que conserva una identidad profundamente local.
Entre Girona y el Mediterráneo, esta región del noreste de Cataluña reúne pequeños pueblos medievales, talleres artesanos, comercios familiares y una costa abrupta que ha definido la imagen más conocida de la Costa Brava. Pero más allá de las calas y las postales de verano, el Empordà se descubre sobre todo en su interior: en sus mercados, en sus calles empedradas, en sus plazas tranquilas y en esa forma pausada de habitar el territorio.
En muchos de estos pueblos, el paisaje agrícola forma parte de la experiencia de viaje. Caminos rurales que atraviesan campos abiertos, rutas tranquilas para recorrer a pie o en bicicleta y alojamientos integrados en el entorno invitan a bajar el ritmo y reconectar con el territorio. Antiguas casas de piedra convertidas en hospedajes con encanto, pequeños proyectos rurales donde la vida transcurre más lenta, el interior del Empordà propone una forma de viajar más pausada, donde paisaje, cultura local y descanso conviven de manera natural.
Este recorrido propone dos días entre pueblos del interior del Empordà y la Costa Brava cercana, combinando artesanía, gastronomía local y paisajes que invitan a viajar despacio.
Día 1 — Empordà interior: pueblos con historia y artesanía local
El primer día en el Empordà invita a recorrer los pueblos del interior, donde el paisaje rural y la vida local siguen marcando el ritmo cotidiano.
Sant Jordi Desvalls
A pocos minutos de Diana, pequeña aldea donde se encuentra Lohodi Homes Casas Rurales, aparece Sant Jordi Desvalls, un tranquilo municipio de la comarca del Gironès situado cerca del río Ter.
Con poco menos de mil habitantes, conserva un núcleo antiguo bien preservado donde las calles empedradas serpentean entre casas de piedra de origen medieval. La iglesia barroca de Sant Jordi domina el conjunto urbano, mientras que los restos de antiguas construcciones recuerdan el pasado histórico del lugar, ligado a una antigua vía romana que atravesaba el territorio.
Hoy el ambiente es pausado. Bicicletas cruzando el pueblo, vecinos conversando en la plaza y caminos rurales que se abren entre campos cultivados.
Uno de los lugares más auténticos es Supermercado Nonell, conocido por muchos habitantes simplemente como la tienda de Bell. Este pequeño ultramarinos familiar reúne productos locales, vinos naturales, legumbres a granel, embutidos de la zona y pan recién hecho. Más que una tienda, funciona como punto de encuentro del pueblo y un buen lugar para descubrir el producto de proximidad del Empordà.
La Bisbal d’Empordà: la capital de la cerámica
A unos veinte minutos en coche aparece La Bisbal d’Empordà, considerada la capital de la cerámica en Cataluña.
La tradición ceramista del municipio se remonta al siglo XVI gracias a la arcilla roja local, especialmente maleable, que permitió desarrollar una industria artesanal que todavía hoy define su identidad.
Pasear por La Bisbal es descubrir talleres, chimeneas industriales antiguas y escaparates llenos de piezas en los colores tradicionales de la cerámica catalana: ocres, verdes y azules.
El Terracotta Museu explica la evolución de esta tradición durante más de quinientos años, mientras que numerosos talleres siguen produciendo piezas artesanales. La gran cantidad de tiendas y talleres dedicados a la cerámica artesanal se sitúan a lo largo de Carrer de l'Aigüeta, a la entrada del municipio.
Entre ellos destaca Sampere, donde se puede observar el proceso completo de elaboración de vajillas hechas a mano inspiradas en el Mediterráneo.
La visita también invita a detenerse en comercios históricos que conservan el carácter local del pueblo. Uno de ellos es Drogueria Farreny, fundada a finales del siglo XIX, una tienda familiar que ha pasado por varias generaciones y que todavía hoy mantiene ese aire de comercio tradicional donde se encuentran productos difíciles de ver en otros lugares.
Para una pausa dulce, Pastisseria Font, abierta desde 1921, es uno de los cafés históricos del municipio. Sus especialidades —como el cántir o el mil·leni— reflejan precisamente la relación entre la pastelería local y la tradición cerámica del lugar.
VISTAS DESDE PONT VELL
A las afueras de La Bisbal, en la carretera que conecta el municipio con Corçà, continúa viva la tradición ceramista de la zona con Cerámica La Ponderosa. Este taller artesanal trabaja piezas únicas hechas a mano para interiores y exteriores, desde macetas y lámparas hasta jarrones o platos decorativos, elaborados con técnicas tradicionales que siguen definiendo el carácter artesano del Empordà.
Justo en frente se encuentra también Última parada Vintage Shop, para quienes disfrutan descubriendo objetos tradicionales o con historia. El espacio ocupa una nave amplia organizada en distintas salas donde conviven menaje, cerámica de autor, fotografía, mobiliario y piezas de decoración seleccionadas con un gusto muy particular. Para los amantes del menaje y la decoración, funciona como un pequeño universo de objetos donde es fácil encontrar desde piezas únicas y especiales para llevarse a casa.
Colomers: gastronomía en la plaza del pueblo
Siguiendo el curso del río Ter aparece Colomers, uno de los municipios más pequeños del Baix Empordà, situado entre paisajes agrícolas y caminos rurales ideales para caminar o recorrer en bicicleta.
Su núcleo conserva el trazado medieval con calles estrechas, casas tradicionales y la iglesia románica de Santa Maria presidiendo el conjunto. El ambiente es tranquilo y auténtico, muy representativo del interior del Empordà.
En la pequeña Plaça de l’Església de Colomers se encuentra Toc de Vi, un restaurante que reivindica la cocina catalana y los vinos de proximidad con una propuesta profundamente ligada al territorio.
El proyecto nace de Eva Gilabert y Marc Dolçat, dos ampurdaneses que decidieron volver a su pueblo para crear un espacio donde compartir aquello que define la cultura local: el vino, la gastronomía y la conversación alrededor de la mesa.
La carta se construye a partir de producto de proximidad y recetas con raíz catalana, con platos pensados para compartir y elaboraciones que cambian según la temporada. Mientras Marc se mueve entre cocina y sala, Eva —sumiller— guía la experiencia con una selección de vinos que pone en valor pequeñas producciones catalanas y referencias del Empordà. El resultado es un espacio íntimo y acogedor donde comer y saborear el territorio a través de la gastronomía.
Pals, una parada medieval imprescindible
Aunque no siempre entra en los itinerarios más cortos, Pals es uno de los conjuntos medievales mejor conservados del Empordà.
Situado en el Baix Empordà, su casco histórico gótico conserva murallas, calles empedradas y la icónica Torre de las Horas que domina el perfil del pueblo. A pocos kilómetros del mar, el paisaje se completa con los tradicionales arrozales de Pals, base de uno de los productos gastronómicos más conocidos de la región.
Día 2 — Costa Brava: mar, caminos y pueblos con encanto
Después de recorrer el interior, el segundo día lleva inevitablemente hacia la Costa Brava. En pocos kilómetros el paisaje cambia: el verde de los campos deja paso al azul intenso del Mediterráneo.
L’Escala y las ruinas de Empúries
L’Escala es uno de los municipios más representativos de esta parte de la costa gerundense. Su tradición marinera sigue presente en el casco antiguo, donde pescaderías, bares y pequeñas tiendas de anchoas recuerdan la importancia de este producto en la gastronomía local.
Uno de los lugares más interesantes del municipio es el conjunto arqueológico de Empúries, único en la península ibérica donde conviven restos de una antigua ciudad griega y otra romana con más de 2.500 años de historia.
El paseo marítimo permite caminar entre pequeñas calas y playas abiertas al Mediterráneo. Desde aquí también comienza uno de los tramos más escénicos del Camí de Ronda, el sendero costero que recorre buena parte de la Costa Brava.
Este tramo conecta Cala Montgó con Sant Martí d’Empúries a lo largo de unos ocho kilómetros, atravesando acantilados, pinares y miradores naturales sobre el mar.
Al caer la tarde, el Passeig Marítim ofrece un ambiente relajado donde detenerse a tomar algo con vistas panorámicas al mar y a los Pirineos catalanes como telón de fondo. Lugares como Ultramar Club combinan cocina mediterránea, cócteles y música en directo frente al Mediterráneo.
Begur y la cala Sa Tuna
A unos treinta minutos aparece Begur, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava. Situado en lo alto de una colina, su castillo medieval ofrece vistas abiertas al mar y a las montañas que rodean el municipio.
El centro histórico invita a perderse entre calles empedradas, casas indianas, Torre de San Ramón y pequeños rincones que aparecen de forma inesperada, como las conocidas escaleras de colores.
Para comer o cenar, Clara, situado junto al hotel Aiguaclara, propone una cocina mediterránea pensada para compartir, con platos de temporada muy sabrosos y vinos de proximidad en un espacio amplio, luminoso y agradable, marcado por el color rojo que combina estética vintage con detalles bohemios.
A tan solo diez minutos en coche del centro aparece Cala Sa Tuna, una de las calas más pintorescas de Begur. Rodeada de pinos y antiguas casas de pescadores, sus aguas transparentes y su pequeño puerto crean una de las imágenes más reconocibles de la Costa Brava.
Aquí el plan es simple: caminar por el paseo, sentarse frente al mar o perderse por la colina entre las casas blancas que miran hacia la cala.
La brisa marina, cargada de iones negativos, genera esa sensación de calma que muchas personas experimentan al pasar tiempo cerca del mar.
Más allá de un itinerario concreto, lo que define al Empordà es su forma de vivirse: pueblos pequeños, comercios familiares, talleres artesanos y una naturaleza que cambia de paisaje en pocos kilómetros.
En un mismo fin de semana se puede pasar de los campos del interior a las calas de la Costa Brava, conocer mercados locales, talleres de cerámica o simplemente sentarse en una plaza a observar la vida cotidiana.
Para quienes quieran explorar el territorio con calma y detenerse entre interior y costa, alojarse en Lohodi Homes permite vivir el Empordà desde dentro, rodeado de naturaleza y a pocos minutos tanto de los pueblos del interior como del Mediterráneo.
Fotografías de Le Periplo