Los 5 aprendizajes que nos deja viajar (y que también encontramos cuando nos detenemos)
Reflexiones compartidas durante una jornada de bienestar en Casa Ballena para dar la bienvenida al solsticio de verano y explorar el valor del autocuidado, la presencia y el viaje consciente.
El pasado 7 de junio nos reunimos en Casa Ballena, un espacio dedicado al bienestar situado en plena Pedriza, para celebrar una jornada muy especial de preparación al solsticio de verano.
Apenas a unos kilómetros de Madrid, el paisaje cambia por completo. Las rocas, la vegetación y el silencio hacen que el ajetrero de la ciudad quede atrás casi de forma inmediata. Rodeada de naturaleza, Casa Ballena ofrece esa sensación poco habitual de encontrarse lejos sin haber recorrido una gran distancia. Un lugar perfecto para tomar perspectiva, bajar revoluciones y conectar con aquello que normalmente queda oculto bajo el ruido cotidiano.
La jornada nació con la intención de crear un pequeño retiro de bienestar donde el autocuidado pudiera abordarse desde diferentes perspectivas: el cuerpo, la piel, la respiración, la alimentación de temporada, el descanso y también la forma en la que nos relacionamos con el mundo que nos rodea cuando viajamos.
Una reflexión especialmente relevante en las semanas previas al solsticio de verano, una época asociada al movimiento, a los desplazamientos y a las vacaciones, cuando gran parte de la población se prepara para viajar.
Fue un pequeño viaje de un día. Un itinerario abierto, con estructura pero sin rigidez, dejando espacio para la sorpresa. Igual que ocurre en muchos de los viajes que hacemos.
Una bienvenida al verano desde el cuerpo y la naturaleza
Las estaciones influyen en la manera en que habitamos nuestro cuerpo.
La llegada del verano supone un cambio de energía y de necesidades. Por eso la propuesta del encuentro fue acompañar esta transición desde la consciencia, dedicando tiempo a escuchar aquello que normalmente queda relegado por a las responsabilidades del día a día.
A lo largo de la jornada hubo espacio para la práctica de yoga, dinámicas de grupo, momentos de reflexión compartida, cuidados de la piel, alimentación consciente, descanso y meditación.
El verano no consiste únicamente en cambiar de estación. También puede ser una oportunidad para preguntarnos cómo queremos vivir los próximos meses y desde qué lugar queremos hacerlo.
La piel que habitamos
Uno de los momentos más especiales de la jornada estuvo guiado por Ana, profesional de la salud y divulgadora del cuidado integral de la piel.
Su propuesta partía de una idea sencilla pero poderosa: la piel no es únicamente una superficie que cuidar. Es memoria, sensibilidad y conexión.
En ella se reflejan nuestras emociones, nuestras experiencias y la forma en que vivimos el mundo. La piel recuerda el descanso, el amor, el miedo y la ternura.
Durante el encuentro reflexionamos sobre la estrecha relación entre la piel y el sistema nervioso, recordando que aquello que calma el alma también transforma la piel.
A veces no necesitamos más productos.
Necesitamos más descanso.
Más respiración.
Más suavidad.
Más presencia.
"Y es entonces cuando el ritual cambia y el cuidado deja de ser apariencia para convertirse en un acto consciente de conexión con una mismo/a."
Jardín de Casa Ballena
Respirar para volver al presente
La jornada estuvo acompañada por dos prácticas de yoga y una meditación final con la instructora Alejandra.
Una invitación a regresar al cuerpo a través de algo tan sencillo y tan poderoso como la respiración.
Porque entre nosotros y nuestra intimidad siempre existe un puente: la respiración.
A través de ella podemos volver al presente, a la calma y a aquello que somos cuando dejamos de correr.
Fue un tiempo para crear un espacio para desconectar del ruido externo y mental y reconectar con nosotros mismos.
Los 5 aprendizajes que nos deja viajar
Durante la tarde compartimos una reflexión inspirada en la filosofía de Le Periplo y en una pregunta muy sencilla:
¿Cuál ha sido el viaje que más te ha cambiado?
No el más lejano.
No el más espectacular.
No el más caro.
Sino aquel que te hizo volver siendo una persona un poco distinta.
De esa conversación surgieron cinco aprendizajes que aparecen una y otra vez cuando viajamos.
Movimiento / Autonocimiento
01 · El movimiento
La vida es movimiento.
Cuando permanecemos demasiado tiempo en los mismos lugares, con las mismas rutinas y las mismas dinámicas, aparecen inercias, patrones y cierta monotonía.
Viajar rompe temporalmente esas estructuras.
Y muchas veces basta con movernos para que algo dentro de nosotros también se mueva. Y comiencen a suceder cosas fuera que tiene que ver con nosotros/as dentro.
02 · Autoconocimiento
Cada lugar nos devuelve una versión distinta de nosotros mismos
El clima, la cultura, la arquitectura, la gastronomía o el ritmo de vida de cada lugar generan experiencias diferentes y una percepción de nosotros mismos/as que quizás no conociamos.
Hay destinos que nos inspiran.
Otros que nos expanden.
Otros que nos activan.
Otros que nos calman.
Y otros que nos incomodan.
Todos ellos nos ofrecen información valiosa sobre quiénes somos y sobre aquello que necesitamos en cada momento de nuestra vida.
Viajar también es una forma de autoconocimiento.
Perspectiva / Soltar el control / Presencia
03 · La perspectiva
Alejarnos nos ayuda a ver con más claridad.
Salir de nuestra rutina nos permite observarla desde fuera. Durante unos días dejamos de actuar en piloto automático y recuperamos la capacidad de observar.
Muchas veces encontramos respuestas viajando. O simplemente vemos con más claridad aquello que ya sabíamos y no queríamos mirar.
04 · Soltar el control
Todo viaje incluye cambios de planes, imprevistos o situaciones inesperadas.
Y precisamente ahí aparece uno de sus mayores aprendizajes: La capacidad de adaptarnos y de confiar.
Y de aceptar que las cosas no siempre suceden como habíamos imaginado.
05 · La presencia
Viajar nos devuelve al momento presente.
Cuando viajamos prestamos más atención.
Observamos más.
Escuchamos más.
Saboreamos más.
Algo muy parecido a lo que ocurre cuando nos damos un espacio para parar y escucharnos.
El viaje antes del viaje
Todas estas reflexiones forman parte de la filosofía de viaje consciente que impulsa Le Periplo. Una forma de entender el viaje consciente desde la presencia, la curiosidad y el respeto por los lugares que visitamos.
Desde una pregunta sencilla:
¿Dónde irías si vivieras allí?
Porque viajar no consiste únicamente en consumir un destino. Consiste en relacionarse con él. Comprender sus ritmos. Apoyar sus proyectos locales. Conectar con su cultura. Y permitir que algo de ese lugar también se quede con nosotros cuando volvemos a casa.
Entendemos el viaje consciente como una manera de viajar que busca comprender antes que consumir, observar antes que correr y conectar antes que acumular.
Le Periplo nace como el viaje antes del viaje: una primera inmersión en el destino que nos permite conocer su esencia incluso antes de llegar.
Viajar también puede ser una forma de volver a uno mismo/a. Y quizá ese sea el viaje más importante de todos.
Un día para compartir
La jornada estuvo acompañada por Match Tonic Water, que nos ayudó a combatir el calor de junio durante los momentos de descanso y conversación. Un pequeño gesto que contribuyó a crear un espacio cuidado donde compartir tiempo, ideas y experiencias.
Este encuentro fue posible gracias a
Casa Ballena / Espacio de bienestar situado en La Pedriza.
Ana Gónzalez / Salud integral, cuidado consciente de la piel y bienestar desde la conexión entre cuerpo, emociones y sistema nervioso.
Alejandra Echanove · Centro Kalasi / Yoga, respiración y meditación como herramientas para volver al cuerpo y al presente.
Match Tonic Water / Acompañando esta jornada con una pausa refrescante para los días de verano.
Le Periplo / Una forma más consciente de viajar.
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